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martes, 21 de mayo de 2013

Mexicas- Un Imperio de Sangre


En el medio de México DF se alza la catedral. Nada especial. Además, debido a la inestabilidad del terreno, los seísmos (hay sismógrafos dentro de la propia catedral) y la mala construcción de los españoles, está a punto de caerse. Una plaza normal (anormalmente grande, eso sí). Pero, como ocurre en muchas ciudades, lo más interesante reside en sus entrañas. Durante en  los 70 al ir a colocar unos cables eléctricos subterráneos se produjo unos de los hallazgos más importantes de la historia de la Arqueología en México: El templo Mayor de la Ciudad.
Destruido por los españoles y con la piedra reciclada para otros edificios, el Templo Mayor se esfumó de la historia de México en pocos años. Sabían que había existido. Sabían que lo encontrarían, pero no sabían dónde.
El hallazgo del Templo Mayor supuso un hito en la historia de México ya que proporcionó una cantidad de datos importantísimos del pueblo que habitaba la ciudad a la llegada de los conquistadores. Los Mexica (mal llamados Aztecas)
La llegada del los Mexica al valle de Méjico es una historia con muchos mitos, dioses y versiones. “La tira de la de la Peregrinación” narra la historia contada por ellos mismos, según la cual salen de la tierra mítica de Aztlán (por eso han sido llamados Aztecas) en el norte de México en busca de la “Tierra Prometida” o . Atraviesan gran parte de México contactando con distintos pueblos, culturizando a unos, venciendo a otros, y llegan definitivamente al valle de México alrededor del siglo XIII, los pueblos que habitaban el valle se rinden ante su superioridad y allí mismo, en una Isla en el lago, un sacerdote observa un nopal (especie de cactus) con un águila posada, tal y como decían las profecías, esa era la tierra en la que fundarían su poderoso imperio. Una historia de Dioses, héroes y victorias.
La versión compuesta por arqueólogos e historiadores es ligeramente distinta. Sí provienen de algún lugar del norte de México, pero sólo hasta aquí coincide con la florida versión mítica. Varias narraciones de los pueblos que contactaron con los Mexica y numerosas evidencias históricas demuestran que más que una peregrinación fue un calvario. Sin demasiada habilidad para el arte de la guerra y con una población poco numerosa, los Mexica fueron expulsados de múltiples lugares y machacados por pueblos militar y técnicamente superiores a ellos. Vagaron de expulsión en expulsión hasta llegar a los alrededores de la ciudad de México, habitado entonces por pueblos prósperos y relativamente pacíficos. A la llegada de los Mexica, los vieron como un cierto potencial humano y les designaron las peores tierras: las montañas y la Isla del lago. Acostumbrados a sobrevivir en las situaciones más adversas  comienzan la construcción de su imperio mítico.
¿Qué hizo que un pueblo sin un potencial militar especial ni avanzada tecnología dominase el valle de México y sometiese a todos los pueblos circundantes?  Pues muy sencillo: La Política. Los señores Mexica comenzaron a establecer convenientes alianzas con los señores de pueblos vecinos. Ayuda militar a cambio de privilegios. La población Mexica fue creciendo y la dependencia de los señores de los otros pueblos, también. Tan hábiles fueron sus estrategias que en un periodo de tiempo relativamente corto dominaron el valle de México, sometieron a sus gentes, establecieron un sistema de recaudación de impuestos, de  sometimiento militar, y alzaron el Templo Mayor dónde realizaban sus temidos y sangrientos rituales.
La base de la dominación Mexica, en un principio, como ya habíamos dicho, era una hábil diplomacia, pero la base del mantenimiento de dicha dominación ere el miedo. En pocos años los Mexica se convirtieron en un pueblo temido en todo el valle. Y sus rituales tuvieron mucho que ver en todo esto.
Todos los días el sol moría, y resucitaba en la mañana. Pero eso no había sido siempre así, miles de años antes, todos los dioses se tuvieron que lanzara a la hoguera para que el sol resucitase. Solo había una cosa que resucitaría al sol, que haría caer la lluvia y llenaría los campos: la sangre humana. En el Templo de las Águilas los guerreros se clavaban espinas en orejas, nariz y pene para ofrendar la sangre a los dioses. En el Templo Mayor se sacrificaban seres humanos  (generalmente niños) al Dios de la Lluvia, alimentaban con corazones de soldados al Dios de la Guerra y lanzaban las cabezas rodadndo por las escalinatas … ¿Y que había sido del culto al pacífico Dios Quezalcóalt y su estela de sabiduría? Muy sencillo, en cuánto los Mexica se empezaron a consolidar como una potencia militar, el culto a Quetzalcoált fue cambiado por el culto a Huitzilopochtli, Dios de la guerra. Cambian las necesidades. Cambian los dioses.
Cuenta una crónica que al inicio de la dominación Mexica, un señor Mexica solicitó la mano de la hija a otro señor de un pueblo aliado. Este le concedió la mano y ordenó que su hija fuese a dónde su futuro marido para celebrar la boda en unos días. Poco tiempo después el padre de la chica fue llamado al Templo Mayor para que viese a su hija preparada para la boda. El padre entró alegremente y observó el cadáver de su hija desollada y al sacerdote vistiendo su piel. La joven vivía con los dioses y eso había que celebrarlo. No era de extrañar que fuesen temidos, ¿verdad?.  Existen fosas comunes de sacrificios multitudinarios de hasta siete mil personas, hombres mujeres y niños. Durante una grave sequía que asoló el Valle los señores mexicas daban a sus propios hijos en sacrificio. El sacrificio como sistema de dominación. El sacrificio como redención.
Afortunadamente los sistemas mantenidos con miedo no duran eternamente. Los pueblos sometidos al poder de los Mexica estaban cansados, no tanto de los sacrificios, si no del abusivo sistema de recaudaciones y contribuciones impuestas por el tlatoani (rey o emperador mexica) bastante similares a los de la Edad Media europea, hartos, comenzaron pequeñas rebeliones. Por suerte para los conquistadores, en esa época Hernán Cortés pisaba costa mexicana y avanzaba hacia el interior. Con su armadura brillante montado sobre un caballo… los pueblos sometidos creyeron ver a Quetzalcóatl que habiendo cumplido su promesa había vuelto. Quetzalcoált, el Dios pacífico. Quetzalcoált el que acabaría con Moctezuma y su reino de terror. Rápidamente Hernán Cortés recibió apoyo a su paso, y con ayuda de las armas y las enfermedades logró someter a los Mexica. Los nativos lo encumbraron como la reencarnación de Quetzalcoált y comenzó el sangriento imperio de la Cruz. Cambiaron los intereses, cambiaron los dioses.
                                                       Dios Águila

Dios de la Muerte (con su casquería colgando)

Dios MIcky-Mouse

Estela decorativa

Muro Calaveras o Tzompantli

Ofrendas

Ofrendas

Ofrendas

Guerrero Águila



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1 comentario:

Delirio dijo...

Me ha hecho acordarme de este fragmento de un cuento de Carlos Fuentes, con una interesante teoría jeje

"Pepe, aparte de su pasión por el derecho mercantil, gusta de teorizar. Me vio salir de Catedral, y juntos nos encaminamos a Palacio. Él es descreído, pero no le basta; en media cuadra tuvo que fabricar una teoría. Que si yo no fuera mexicano, no adoraría a Cristo y -No, mira, parece evidente. Llegan los españoles y te proponen adorar a un Dios muerto hecho un coágulo, con el costado herido, clavado en una cruz. Sacrificado. Ofrendado. ¿Qué cosa más natural que aceptar un sentimiento tan cercano a todo tu ceremonial, a toda tu vida?... figúrate, en cambio, que México hubiera sido conquistado por budistas o por mahometanos. No es concebible que nuestros indios veneraran a un individuo que murió de indigestión. Pero un Dios al que no le basta que se sacrifiquen por él, sino que incluso va a que le arranquen el corazón, ¡caramba, jaque mate a Huitzilopochtli! El cristianismo, en su sentido cálido, sangriento, de sacrificio y liturgia, se vuelve una prolongación natural y novedosa de la religión indígena. Los aspectos caridad, amor y la otra mejilla, en cambio, son rechazados. Y todo en México es eso: hay que matar a los hombres para poder creer en ellos."

Carlos Fuentes
"Chac Mool"