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miércoles, 19 de enero de 2011

Gentes. Turkanas y Samburus.

El padre Pablo sorbe el té despacio. Es alto y muy bien parecido. Habla casi todo el tiempo, de vez en cuando mira a la enorme acacia bajo la que descansamos. Es muy difícil no escucharlo con atención. Habla conmigo y con él mismo. Su conversación es muy amena y está barnizada con un carismático acento colombiano...

-Aquí ayudamos, casi todo el tiempo. No se puede evangelizar sin ayudar. La palabra de Dios no se come. Claro que les hablamos de Dios, pero de forma muy abstracta, tratamos de asimilarlo a sus dioses-en ése momento percibe una mirada de desacuerdo- lo que menos me importa aquí es evangelizar. Y curiosamente a éso vine... Recuerdo al padre Andrés, no olvidaré cómo un día, debajo de ésta misma acacia, miró un buen rato en silencio al cielo, no es raro, estamos mucho tiempo en silencio..., lo raro fue que después de media hora me miró de forma grave y me dijo: "Sabes Pablo, no se qué hago enseñando a tallar madera a una tribu ganadera..." A éso me refiero... uno olvida a lo que viene... es como la guerra, una vez que uno llega la misión es otra... Ésta gente muere de hambre, hay hambre... a veces se matan por el ganado. Aquí viven Turkana y Samburu, viven en paz hasta que en una noche de luna llena se roban el ganado unos a otros. Entonces pasa lo de siempre, hay un par de muertos, todos tienen miedo, los samburu huyen hacia las montañas y los turkana al desierto... el pueblo se queda vacío por unos días hasta que todo se calma.Ha sido así durante siglos. Ni siquiera recuerdan quién fue el primero en robar... por éso les quitamos las armas a vuestros turkana, no conviene crear tensiones.
Muchas veces no se si están preparados para la palabra de Dios -percibe una sonrisa un tanto malévola en mi cara- lo digo en serio. ¿Has visto todas las cosas que llevan colgadas en el cuello? son amuletos, amuletos que les dan los brujos. En África todo es culpa de los brujos. Si te caes y te rompes una pierna no es porque no andes con cuidado, es porque alguien, por medio de un brujo, te echó una maldición, entonces debes ir a donde tu brujo y contárselo, entonces empieza la guerra... hay clanes o familias enteras enfrentadas a base de magia negra... creen ciegamente en ella, sin razonamiento, éso es incompatible con la fe cristiana- no tanto, pensé, pero me mordí la lengua. Escuché al padre Pablo durante más de una hora. Parecía convencido de estar allí... en parte lo admiro, admiro que esté allí pero no me convencen sus motivos...
-Lo siento Marcos, tengo que irme. Hay que darle la extrema unción a un niño que tiene malaria, nos vemos más tarde, sírvete lo que quieras. La casa del señor es la casa de todos...

TURKANA








SAMBURU





lunes, 10 de enero de 2011

Sentado en la boca de un volcán...






"Los paisajes más impresionantes que jamás hayas visto" Aquello sonaba a una mezcla entre mitología personal y folleto de agencia de turismo. Pero salía de la boca de David, del viejo león, y tenía sentido. Por el camino encontramos a mucha gente que había visto a David hace años haciendo el mismo viaje, se sorprendían porque ahora lo veían más "pequeño". Antes había llegado sólo, semidesnudo, con un bastón, y, según me contaba emocionado un local,"moviéndose como un león". Ahora llegaba en coche, acompañado por una mujer y dos jóvenes y vestido de pies a cabeza. Claramente había "encogido". Ése es el valor del mito en África, en una cultura basada en la tradición oral puedes "empequeñecer" en tan solo cuatro años o matar un búfalo con tus manos en diez. La verdad es sólo una referencia. Lo que importa es le mito.
Caminábamos pronto en la mañana y al caer la tarde. En el mediodía hacíamos una parada para tomar un té con leche, ardiendo como la barandilla del infierno, y comer algo. El calor era atroz. Descubrimos que metiendo hojas de té en la botella de agua teníamos un té listo en pocas horas. Alguien había lavado las garrafas de agua con detergente y sabía a rayos. Caminamos durante tres días, si algo hubiese pasado no podríamos ir a ninguna parte a buscar ayuda. Nada. Una nada infinita, llena de arbustos y de rocas. Sabía que era el más débil del grupo... y eso me obsesionaba, me tropezaba una y otra vez y otra y otra... me enfadé tanto conmigo... Ésa misma noche un escarabajo se metió en mi oído.... sientes como si te devorase el cerebro... también descubrí un escorpión cerca de mis pies e hice que Miguel lo matara. Fui un cobarde. Tenía miedo. No había llegado a mi límite. Lo sabía.
El último día fue agotador. Compramos una cabra a un Turkana que pasaba con el rebaño. Estábamos hartos de comer arroz con patatas y patatas con arroz. Caminamos durante horas por una llanura, esta vez sin piedras, y desde lo alto de una colina vimos el lago Turkana, inmenso, durmiendo al pie del volcán Telekis. Estábamos tan contentos que nos bañamos ignorando a los cocodrilos... los Turkana nos vigilaban y se reían... éramos como niños chapoteando en la alberca a las tres de la tarde de un día de agosto.
Había llegado, sabía que podía llegar, y en parte no me lo creía. Después de comer nos animamos a subir el cono volcánico y ver el cráter, el interior de "aquello" que nos trajo obsesionados durante días. Las paredes se desprendían, y, otra vez más, yo era el más débil... nunca creí que fuese a llegar, no lo creían mis piernas ni mis manos, pero lo creyó mi cabeza... Arriba el aire soplaba de forma endemoniada, apenas unos metros de camino en el borde, a un lado las paredes empinadas del cono (¡Mierda!... ahora hay que bajar...) al otro, el fondo del cráter, ocultando un mundo perdido, una pequeña sabana aislada del resto del mundo. Mirases dónde mirases, un paisaje de otro planeta, o quizás de éste pero hace unos cuántos millones de años. No podía parar de respirar fuerte... Lo había conseguido. Para nadie significaba nada. Era mío. Sólo mío. Mí tesoro.