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lunes, 22 de abril de 2013

El río más mítico (Capítulo dos)



  
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Burton, sólo y obsesionado con el Nilo y su origen. Burton, obcecado con la idea de ver lo que ningún otro occidental había visto. Pensando en quién podría acompañarle a SU aventura. Recordó que años antes había conocido a un oficial inglés, Speke en Aden, conversando entre copas le había confesado que “había venido a África a morir” por supuesto a morir con la gloria de los grandes hombres, por las fiebres o los ataques de animales, sólo y lejos de su casa, en una cama de laureles… Esto impresionó a Burton de tal manera que pensó que Speke sería la compañía perfecta: valeroso, decidido y con un talento muy inferior al suyo. Lamentablemente estaba equivocado. El tiempo los convertiría en eternos enemigos. El destino jugaría con ellos una tétrica partida de ajedrez que la historia dejaría en tablas durante muchos años.
Burton y Speke eran muy diferentes, y encarnaban dos ideales victorianos muy distintos: mientras Burton, como ya habíamos dicho era pasional, muy culto, interesado por los lugares que visitaba y las gentes que conocía , con una oratoria arrolladora y un afán por la aventura insólito, Speke era un “Sir” de la alta sociedad, interesado por la caza, con una oratoria y una cultura inferior a la de su compañero (“ni tan siquiera había leído a Shakespeare”) y una obsesión por explorar que lo llevaba a pasar por encima de cualquier cosa que se cruzase en su camino, ya fuese un lago, una montaña o una persona.
Burton era un aventurero, para Burton lo más importante era la aventura, el camino, para Burton llegar no era ni la mitad de divertido que ir. Si no se sentía que su vida era una aventura no le importaba lo que hubiese encima de la montaña o al otro lado del lago, llegó a afirmar que no hay momento más importante para la vida de un hombre que cuándo se prepara para una aventura hacia lo desconocido. El descubrimiento estaba subyugado a la aventura.
Por el contrario, Speke, era un explorador, le importaba el final, el lugar al que se llegaba. Le importaba lo que había encima de la montaña o al otro lado del lago. La exploración era una plataforma para la fama, el reconocimiento, las reuniones en la Sociedad Geográfica de Londres… Para Speke la aventura era el paso inevitable para algo mayor, para Burton la aventura era lo más grande.
Al principio ambos hombres creyeron complementarse perfectamente. Por un lado Speake admiraba a Burton por su curiosidad innata y su tremendas habilidades antropológicas y por el otro Burton admiraba a Speke por su sobriedad y su habilidad para dibujar.
Cuándo Burton contactó a Speke, éste no tardó un instante en aceptar y comenzaron a preparar su viaje por la ruta desconocida que el propio Burton había diseñado, bordeando hacia el norte para evitar las salvajes Tierras Masai y camino hacia la “babosa” perdida en el corazón de África.
Continuará…

Speke con esas barbotas tan de la época

martes, 2 de abril de 2013

Las Lagunas del cielo

Probablemente sean las lagunas más cercanas al cielo. De colores imposibles, De aves míticas. No digas que ha sido un sueño. Di que ha sido Bolivia.

Laguna Hedienta-P.N Eduardo Avaroa

Laguna Colorada- P.N Eduardo Avaroa

Laguna Verde- P.N Eduardo Avaroa