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lunes, 28 de febrero de 2011

Como la lluvia...

Llueve, casi todo el tiempo. Corren riadas de agua por las avenidas arrastrando las miserias de la ciudad... bolsas, pedazos de plástico, cigarros abandonados... Restos.
El taxi destartalado se abre paso entre charcos inmensos salpicando a todo el que pasa cerca. Otro vehículo pasa a nuestro lado, escupe el agua cargada de basura hacia todos lados y se cuela por mi ventanilla abierta. Un indio carga a sus espaldas en un saco enorme todo el peso del mundo. Cuando el agua lo empapa de pies a cabeza ni siquiera mira a un lado.
En el altavoz suena una música inmunda. Un ritmo horriblemente estridente que cuenta historias manidas de amores animales que duelen hasta matar. Todos los días a todas horas. Es peor que la lluvia. Un CD con 12 temas en los que se muere de amor de las más diversas maneras. Como si pudieras tener 12 vidas. Historias de mujeres que engañan, o que se van cometiendo la desfachatez de hacer uso de su soberana libertad. Historias de hombres agonizando de dolor entre maullidos de amor fingido. No habla de los golpes, ni de las violaciones. El hombre, indefenso, sufre los vaivenes de un ser cruel, injusto y misterioso. Muerde cómo un estúpido la manzana prohibida del padre Adán y deja de estar libre de pecado. Escuchan "eso" todo el día y en todas partes, hombres y mujeres, de día y de noche, lo cantan, lo tararean y lo bailan. El sufrimiento ennoblece al amor. Si no sufres no sientes. Para amar hay que aguantar. El dolor es mejor que la nada. Ideología básica de una dictadura sentimentaloide que te atrapa en sus fauces.
Me resulta impresionante la facilidad con la que mueren de amor y resucitan de amor a los tres días. Os puedo asegurar que es cierto. Yo también, al igual que Santo Tomás, metí el dedo en la llaga para comprobar cómo las vidas se hacen, deshacen y rehacen de acuerdo al amor más animal, a ritmo de cumbia, vallenato o mariachi... A la felicidad sólo se llega por el amor. Sea como sea. Caiga quién caiga.
La vida es aquí como la lluvia sobre la ciudad, colérica e imparable, que nos moja aunque corramos con los hombros encogidos escondiéndonos bajo los zaguanes, aunque atravesemos en taxi de una punta a otra la ciudad sin límites, entre lenguas de agua pestilente, húmedos, tiritando de frío, deseando llegar a la selva, a la madre,donde el agua no trae basura, donde el agua es simplemente una bendición silenciosa que viene de alguna parte, que se cuela por todos los resquicios donde huele a humedad y a tierra mojada. Como el amor. Como la vida.

"...la humedad es algo que se seca y se olvida"
J.Sabina-Cantautor

PD: Para que veaís con lo que tengo que lidiar todos los días...

lunes, 14 de febrero de 2011

Una mañana cualquiera...

Quedarme hubiera sido una locura.Un suicidio. No hay sitio. No hay espacio. Qizás si haya espacio y no sitio. O al revés. De todas formas da igual.
Ésta mañana el metro se comía a la gente. Sí. No es una metáfora. Se los comía. Lo ví. Los empujaba a sus entrañas subidos a escaleras eléctricas, a cintas metálicas... Agonizaban con cara de lunes, esqueletos de carne en gabardinas, de 8 a 8..., los tragaba por un lado muertos, los escupía por el otro muertos. Saturno devorando a sus hijos.Yo en medio, creyéndome Ónfalos. Arrogante y estúpido a partes iguales.
Vi claramente mi muerte en medio de aquel delirio. Sería un lunes de febrero, en un parquecito con la hierba helada, al lado de una mierda de perro. La autopsia revelaría una muerte súbita por una combinación de empacho de currículos, una septicemia generalizada causada por informes y un infarto agudo de miocardio por exceso de facturas... Un empujón me sacó de semejante estupidez, un "avesimiraspordóndevasquevaspisandohuevos" me pegó otra vez a aquella realidad surrealista. No había ni un sólo sitio libre. Al salir de aquel bicho me descubrí en un escaparate también con cara de Lunes. Las calles estaban ocupadas, sin sitio para caminar con los brazos abiertos, sin tiempo para ir despacio. No había ni un sólo sitio en la cola del pan ni en el supermercado. Carteles de "No hay localidades" colgaban en cada esquina. Pensé, incluso, que a este paso no tendría plaza en mi propio entierro... y eso me puso de mal humor.
Me precipité calle abajo, muerto de miedo, casi corriendo... nadie miraba (¿Por qué nadie mira a alguien que corre?) todos andaban cadáveres con su cara de Lunes. Entonces me paré en seco, y delante de aquel monumento a la patria que no tiene sitio para nadie, recordé que mañana salía ese avión, y que podría respirar. Y me reí a carcajadas de nuevo. Mañana salía ese avión...
Lo siento mucho. Es el único lugar en el que encontré espacio.

lunes, 7 de febrero de 2011

MIGRACIÓN 0.0

Migraciones inversas. Nunca hablé aquí de mi casa. Pero vuelvo, hay que volver. Sí. El que se va sin tener dónde volver es un exiliado. Ser exiliado no es bueno. No es bueno tener cara de huir. Tampoco es bueno que la vuelta sea a una patria ajena. No es bueno ser refugiado, huir a una patria dónde nadie habla como tú y nadie ríe tus chistes, con todas tus cosas en una mochila.
Las calles. Es lo mejor. Las calles. Cientos de personas haciendo lo que hacía yo hace unos años o lo que haré dentro de unos pocos. Era enero. Hacía frío. Estrenaba una cámara.