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viernes, 24 de junio de 2011

Muerte alada.

Lo confieso. Siempre me ha atraído la muerte. La escatología. Las cosas últimas de los seres vivos, la evaporación, la fuga de la vida en sí. Encierra tanta belleza la agonía del final como la vida misma. Es tan bello (en el concepto absoluto de belleza, como algo sobre sobrecogedor y desconcertante) un alumbramiento como una muerte. Es tan natural la llegada como la ida. Es tan noble el consuelo de la comadrona como el del enterrador.
No me asusta que me impresione la muerte y que en cierto modo me resulte bella. No tengo miedo a ese escalofrío que me atraviesa cada vez que, delante de mí, un animal terriblemente bello descuartiza a otro igualmente bello pero desafortunado. Pienso que es el estado natural de las cosas y disfruto enormemente del momento sin ningún tipo de remordimiento. No me sorprendió entonces que mucha gente hubiera sentido lo mismo antes. Ellos escribieron libros. A mí se me cayeron los prismáticos al suelo.




Muerte puta, muerte cruel,
muerte al pedo, muerte implacable,
muerte inexorable, misteriosa muerte.
Muerte súbita, muerte accidental,
muerte en cumplimiento del deber.
Texto: fragmento de un poema de Oliverio Girondo
Foto: Águila marcial devorando una gacela de Thompson en el Serenguetti.

2 comentarios:

Quaerendo invenietis dijo...

Memento homo, quia pulvis eris et in pulverem reverteris.

We all kick the bucket in the end!
http://www.youtube.com/watch?v=FLQLcMg0n1k

Anónimo dijo...

Quitar la vida o aprovechar la muerte.
Garras, picos, colmillos, espolones, veneno...por suerte vienen separados (o al menos normalmente).

¿Por que pensamos en aprovechar la vida y quitar la muerte?

Aferrándonos siempre a una vida sin fin, que es lo anhelado en las novelas...

Besos