“El peligro no es cuestión de un par de golpes,
el peligro es no saber a dónde ir”
Revolver.
Peligro. Huida. Miedo de presa. Viene cuándo menos te lo esperas… y ¡zás! ya no hay que hacerle.
Era de noche, en la orilla del lago todo parecía tranquilo. Discutíamos sobre las dificultades de la ruta. Habíamos mandado a todos lejos porque los hipopótamos hacían mucho ruido. Estaban nerviosos y se enfrentaban en el agua. Y nosotros demasiado cerca. Una imprudencia. De pronto salen dos machos del agua, los vemos cerca…
Alguien dice: -Un macho y la cría… ¡no! Dos machos… se van a pelear… ¡corred!...
Y todo permanece en tinieblas… todo se vuelve confuso… sólo recuerdo una de esas bestias corriendo hacia nosotros, recuerdo sentir la vibración en la planta de los pies hoy llenas de arañazos. Recuerdo que corrí sin sentido y que no miré atrás… estuvo tan cerca… Ese nudo en el estómago, correr, correr y correr… no miré a uno solo de mis compañeros, me importaron menos que nada, solamente después, cuando volvió mi parte racional, les pregunté cómo estaban. Era presa, era el que estaba en peligro y sólo quería salvar mi vida. ¿Tú que hubieras hecho?.
A los 4 días un león dormía apaciblemente en la entrada a los baños del Ngorongoro. Nadie tenía ganas de mear. Sonreí porque por fin alguien más se sentía presa.