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viernes, 25 de mayo de 2012

Pérdidas



Ha ocurrido algo terrible. Terrible. Ocurrió hace algún tiempo. Pero no soporto más el silencio.
Como todo lo horrible que ocurre no se puede hablar de ello al instante, ni al día siguiente, ni tan siquiera la misma semana. El hecho permanece encerrado en las cárceles del tiempo, como un tabú, como algo prohibido. Como si al mencionarlo volviésemos revivirlo. No se nombran las guerras que dividieron a los hombres. No se habla del familiar muerto sin mirar al cielo confiando en que esté allí. Jamás se invoca lo que se ha llorado.
Los masai jamás ponen a un niño el nombre de un muerto, creen que si lo hiciesen no descansaría el alma del muerto ni conciliarían el sueño los vivos. Cuándo se refieren a él nunca usan su nombre, dirán "el que vivía en la esquina" o "el que tenía gafas". Nunca su nombre.
No hay nada mas terrible que la desgracia. No hay nada más ingrato que su recuerdo.
Dejémonos de preludios. Vayamos al grano.
Me encontraba en Chile, cerca del mar (en Chile siempre estás cerca del mar). Migración de invierno. Un viaje largo y difícil. No se cómo, ni dónde... pero cuándo fui a echar mano a mi cuaderno, éste ya no estaba... Lo más horrible que le puede suceder a un viajero. Tres años de historias. De pensamientos. De direcciones. De tickets de tren, fotos, manchas de vino y hojas mojadas... Ojalá hubiese sido mi pasaporte, ojalá hubiese sido mi ordenador. La pérdida es irremplazable. Habrá otro. Pero no guardará lo mismo en su barriga. No se habrá comido las mismas historias.
Me senté en el banco de una plaza. Me resigné. Pensé que es estúpido apegarse a las cosas físicas, porque, irremediablemente, están expuestas a las leyes de la física. Pueden caerse, romperse, perderse, disolverse,  quemarse, volatilizarse o ,incluso, volar por los aires.
No me sentí mejor. Imaginé la cara del que lo encontró, su mirada huidiza, sus dedos afilados, sentado, solo (porque estaría muy, muy, muy solo) a oscuras, debajo de un flexo de plástico barato, manoseando pedazos de mi pasado, riéndose de mis historias, observando fotos de personas que no conoce en lugares en los que nunca ha estado. Componiendo un personaje al que vampirizar, del que nutrir su vida triste y solitaria. Pensé con rabia en una señal que había visto esa misma mañana. Disfruté pensando que algún día lo arrasaría una ola asesina, pero a él solo.

Señal de peligro por Tsunami. Iquique. Chile



5 comentarios:

Némesis Crueldad Malignidad dijo...

Es una lástima... cuando se pierden cosas así, no importa cuántas más haya, nunca reemplazarán el perdido. Ánimo :)

Sara V.A. dijo...

Y ahora que casi la totalidad del planeta está conectado, ¿no se te ha ocurrido recurrir a internet para intentar localizarlo?
Redes sociales, blogs y webs más populares de la región donde se quedó... las posibilidades son muy grandes, y la probabilidad de que os volváis a juntar es pequeña, pero no nula ;)
ÁNIMO!!!

personas y senderos dijo...

Creo que hay un proverbio hindú que dice "solo es tuyo aquello que no puedes perder en un naufragio". Obviamente tu experiencias y tus reflexiones no puedes perderlas en un naufragio pero puede ser mucho más difícil evocarlas sin tu cuaderno.
Yo perdí un montón de reflexiones, imágenes y recuerdos al romper mi ordenador poco después morir mi padre. Allí se perdieron también muchas hitos de aquella experiencia. Parecía haberlo vuelto a perder. Poco después también perdí mi cuaderno. Te cuento esto sólo para que sepas comprendo lo que significa esa perdida, no hay alivio.
Si no lo encuentras, quizá lo único que te queda es tratar de recordar aquello que sea importante conservar.

Ánimo!

africano dijo...

Si yo encontrase tu cuaderno y no te conociese quizá lo leyese con avidez pero muy seguramente lo respetaría tanto que haría todo lo posible para devolvertelo.

Por otro lado, quizá si la historia de como has perdido el cuaderno y en que forma es importante se transmite, llegue a quien lo encontró.

Quizá la mejor historia del cuaderno está por escribir.

Anónimo dijo...

"...hubo una epoca en que las cosas me sucedian cuando menos pensaba en ellas, empujando apenas con el hombro cualquier rincon del aire."(Cortazar)

Ya encontraras otro libro en quien confiar ;P

Besos Cone