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sábado, 25 de junio de 2011

La sabana se despereza bajo la panza de una densa bruma. todo parece mentira, todo parece ficción. Me asomo a la ventana del camión y el aire aún frío me recuerda que debo estar despierto. Algunas girafas cruzan por nuestro camino. Parece todo tan poco real. El frío es real. Los baches son reales. La mañana también. También huele a "mañana". Pero esos animales imposibles...
Respondo un par de preguntas. Respiro un rato para ganar paciencia.
Dos guepardos atraviesan la hierba. Los ametrallamos a fotografías. Cientos de "clicks" se vuelcan sobre semejante bicho. Más adelante un serval, un raro "gato" de sabana nos mira con curiosidad. Despierta menos espectación a pesar de ser mucho más raro. Creo que la gente solo se interesa por "los grandes" y los más "pequeños" permanecen al margen. El aire se comienza a calentar, el sol pica. Ahora todo parece más real.







viernes, 24 de junio de 2011

Muerte alada.

Lo confieso. Siempre me ha atraído la muerte. La escatología. Las cosas últimas de los seres vivos, la evaporación, la fuga de la vida en sí. Encierra tanta belleza la agonía del final como la vida misma. Es tan bello (en el concepto absoluto de belleza, como algo sobre sobrecogedor y desconcertante) un alumbramiento como una muerte. Es tan natural la llegada como la ida. Es tan noble el consuelo de la comadrona como el del enterrador.
No me asusta que me impresione la muerte y que en cierto modo me resulte bella. No tengo miedo a ese escalofrío que me atraviesa cada vez que, delante de mí, un animal terriblemente bello descuartiza a otro igualmente bello pero desafortunado. Pienso que es el estado natural de las cosas y disfruto enormemente del momento sin ningún tipo de remordimiento. No me sorprendió entonces que mucha gente hubiera sentido lo mismo antes. Ellos escribieron libros. A mí se me cayeron los prismáticos al suelo.




Muerte puta, muerte cruel,
muerte al pedo, muerte implacable,
muerte inexorable, misteriosa muerte.
Muerte súbita, muerte accidental,
muerte en cumplimiento del deber.
Texto: fragmento de un poema de Oliverio Girondo
Foto: Águila marcial devorando una gacela de Thompson en el Serenguetti.

jueves, 9 de junio de 2011

Hatari!



“El peligro no es cuestión de un par de golpes,
el peligro es no saber a dónde ir”
Revolver.
Peligro. Huida. Miedo de presa. Viene cuándo menos te lo esperas… y ¡zás! ya no hay que hacerle.
Era de noche, en la orilla del lago todo parecía tranquilo. Discutíamos sobre las dificultades de la ruta. Habíamos mandado a todos lejos porque los hipopótamos hacían mucho ruido. Estaban nerviosos y se enfrentaban en el agua. Y nosotros demasiado cerca. Una imprudencia. De pronto salen dos machos del agua, los vemos cerca…
Alguien dice: -Un macho y la cría… ¡no! Dos machos… se van a pelear… ¡corred!...
Y todo permanece en tinieblas… todo se vuelve confuso… sólo recuerdo una de esas bestias corriendo hacia nosotros, recuerdo sentir la vibración en la planta de los pies hoy llenas de arañazos. Recuerdo que corrí sin sentido y que no miré atrás… estuvo tan cerca… Ese nudo en el estómago, correr, correr y correr… no miré a uno solo de mis compañeros, me importaron menos que nada, solamente después, cuando volvió mi parte racional, les pregunté cómo estaban. Era presa, era el que estaba en peligro y sólo quería salvar mi vida. ¿Tú que hubieras hecho?.
A los 4 días un león dormía apaciblemente en la entrada a los baños del Ngorongoro. Nadie tenía ganas de mear. Sonreí porque por fin alguien más se sentía presa.

martes, 3 de mayo de 2011

R.I.P.


"Aquí había sido primero como una sangría, un vapuleo de uso interno, una necesidad de sentir el estúpido pasaporte de tapas azules en el bolsillo del saco, la llave del hotel bien segura en el clavo del tablero. El miedo, la ignorancia, el deslumbramiento: Esto se llama así, eso se pide así, ahora esa mujer va a sonreír..."
Julio Cotázar- Rayuela, capítulo 2

Han asesinado a mi pasaporte. De un gillotinazo. Fue un policía. Nunca sabes cuándo te puedes fiar de esa gente. Ni siquiera se inmutó cuando vio mi gesto de dolor y me sintió apretar los dientes. Se había acabado. Un empacho de sellos. Zas. Adiós.

-Se lo puede quedar- y me dio el cadáver acompañado de otro idéntico en blanco...

Con el cadáver aún caliente salí a la calle. Era abril. Me senté en un banco. Pensé en el horrible crimen que dejo atrás, bárbaro, impune... Al fin y al cabo dependíamos el uno del otro. Yo de él y él de mí. Entre todos esos sellos encontré todas las personas que algún día fui. El me apoyó como nadie cuando contaba historias increíbles de viajes. Cuántas veces recurrí a sus páginas para explicar el frío de la Patagonia, la inmensidad de los desiertos de sal, el sol abrasador de África... cuántas miradas desconfiadas ha recibido por mí en fronteras lejanas, polvorientas, apestosas... cuántas veces temblé por no sentirlo en el bolsillo bajo la mirada sentenciadora de un guardia de aduanas... Pero ahora había muerto y tendría que vivir con ello.
Paseé durante algún tiempo por las calles llenas y bulliciosas. La locura de los parques atestados de gente me hizo sonreír. -Al fin y la cabo es sólo un libro-pensé- al fin y la cabo cada sello es como un imán sobre una nevera, un detonante, una señal que desata el recuerdo en sí, un pedazo de papel con una inscripción borrosa de los que deciden si te dejan pisar o no su tierra, nuestra tierra, mientras te miran prepotentes por encima del hombro. -Es tan sólo un maldito pasaporte- me dije- pero no me atrevo a arrojarlo al río, a desteñir sus sellos, a profanar su barriga llena de borrones de tinta vomitada por los que han decidido que este mundo ya no es de todos y te intimidan cada miles, o cientos de kilómetros... Lo cerré y lo metí en el bolsillo. Al llegar a casa lo arrojé al fondo de algún cajón... allí podría descansar en paz, oculto, contando sus vueltas por el mundo a una tarjeta de crédito caducada, un billete de avión viejo y tres bolis sin tinta...

lunes, 25 de abril de 2011

De lo de allá...

De lo qué me llevó al otro lado no hablaré... pero siempre hay allí un lugar y algo que hacer para mí. Básicamente en mi vuelta, además de andar de carnavaleo, comer como un cerdo y beber "Paceñas" realicé la ampliación del Museo de la Evolución EvoluSeum en Biocentro Güembé (http://elviajedelcronopio.blogspot.com/2009/10/evoluseum.html ), que había dejado atrás hace año y medio despues de 9 meses de trabajo duro. Consiste en una sala sobre Biodiversidad y Evolución Humana dónde se exponen fotografías, pinturas y demás obras artísticas relacionadas con estos temas, siendo, en realidad, una sala para realizar exposiciones temporales, en esta primera temporada podemos ver varias fotos de gorilas y de África hechas por el menda (lerenda). Además conté con la inestimable ayuda del Artistazo Wilson Román para las pinturas y de mis amigos del laboratorio... En fin, un buen trabajo realizado con los mejores (no se qué hacía yo allí).

Además también dí una pequeña conferencia en la universidad sobre Evolución y Creacionismo... aderezada con algunas pequeñas y estériles discusiones con creacionistas, las cuales he descubierto que son inútiles. a partir de ahora hablaré con ellos de cocina o macramé... ambos aprenderemos más.

Pues en éso he estado amigos, quien no trabaja es porque no quiere.

Por cierto, HEMOS superado las 100 ENTRADAS y los 10000 VISITAS.

SOIS LOS MÁS GRANDES.

¡GRACIAS!






lunes, 28 de marzo de 2011

Y llegó el diablo...

... y nos vimos las caras... ¡estaba tan cerca! pasó en la noche escupiendo fuego por la boca, en medio de una multitud que lo aclamaba. No estaba solo, llegó con su séquito de diablesas, corrieron durante horas por las calles... todos parecían divertirse... no parecían tenerle miedo. Después de tanta espera había llegado. El Diablo. El verdadero protagonista del Carnaval de Oruro.








martes, 22 de marzo de 2011

¡Tinku!

Tinku. Tierra. A esa altura te revienta la cabeza al menor esfuerzo. Sientes que alguien toca un bombo enorme dentro de tu sesera. El cerebro late en sú bóveda. El sol es insoportable. Ellos se destrozan bailando. Peleando. Porque el Tinku antes que un baile es una pelea. En quechua Tinku significa "encuentro". En aymara, "agresión física". Se revuelven y golpean la tierra con furia. El polvo se sparce en todas direcciones. Se sacan sus sandalias y las ponen en la manos. Se golpean. Según cuenta una leyenda, uno de los combatientes que ha sido vencido debe derramar su sangre con abundancia como un sacrificio u ofrenda para la Madre Tierra, la Pachamama, para que en ese año la cosecha sea abundante. En algunos lugares de Bolivia se celebran enormes peleas en los que las mujeres solteras, los niños y los hombres se enzarzan durante horas. La tremenda orgía termina cuándo alguien muere. Entonces ese año la cosecha será buena. Ese año la tierra habrá bebido. En Oruro solamente bailan, Orgullosos guerreros intentando un año más asustar al Diablo.









miércoles, 16 de marzo de 2011

Carnavales (y sin volver a casa...)

El Diablo y Dios se enfrentan en la tierra. Y no es en los tribunales o en el parlamento (¿o eso es el diablo contra el diablo?) Lo hacen en Oruro, una ciudad minera del altiplano de Bolivia que vive por y para el carnaval. Lo gris se colorea, la gente sonríe, y la terrible cuenca minera toma oxígeno por unos días...
Comienza con una enorme verbena dónde todas las bandas se dan cita y el público, ebrio ya a esas horas, agita sus vasos y se riega en cerveza. Es sólo el principio. Durante los dos días siguientes numerosos grupos de folklore andinos mostraran trajes y bailes para vencer al diablo. Miles de personas bailan a unos cuántos miles de metros de altura hasta caer exhaustos, vence al diablo que los persigue en forma de Diablada, todos huyen, los Tinku, los Tobas, los Suri-Sicurí, los Morenos, los Caporales... unos y otros representan al diablo y huyen de el. Auténticos ejércitos de criaturas de ficción danzan como sátiros o como ángeles. Escapar del diablo. Gastar las últimas energías de exceso y lujuria antes del recogimiento de la Pascua. Esto es Oruro. ¡Corre, el diablo podría estar detrás!












lunes, 28 de febrero de 2011

Como la lluvia...

Llueve, casi todo el tiempo. Corren riadas de agua por las avenidas arrastrando las miserias de la ciudad... bolsas, pedazos de plástico, cigarros abandonados... Restos.
El taxi destartalado se abre paso entre charcos inmensos salpicando a todo el que pasa cerca. Otro vehículo pasa a nuestro lado, escupe el agua cargada de basura hacia todos lados y se cuela por mi ventanilla abierta. Un indio carga a sus espaldas en un saco enorme todo el peso del mundo. Cuando el agua lo empapa de pies a cabeza ni siquiera mira a un lado.
En el altavoz suena una música inmunda. Un ritmo horriblemente estridente que cuenta historias manidas de amores animales que duelen hasta matar. Todos los días a todas horas. Es peor que la lluvia. Un CD con 12 temas en los que se muere de amor de las más diversas maneras. Como si pudieras tener 12 vidas. Historias de mujeres que engañan, o que se van cometiendo la desfachatez de hacer uso de su soberana libertad. Historias de hombres agonizando de dolor entre maullidos de amor fingido. No habla de los golpes, ni de las violaciones. El hombre, indefenso, sufre los vaivenes de un ser cruel, injusto y misterioso. Muerde cómo un estúpido la manzana prohibida del padre Adán y deja de estar libre de pecado. Escuchan "eso" todo el día y en todas partes, hombres y mujeres, de día y de noche, lo cantan, lo tararean y lo bailan. El sufrimiento ennoblece al amor. Si no sufres no sientes. Para amar hay que aguantar. El dolor es mejor que la nada. Ideología básica de una dictadura sentimentaloide que te atrapa en sus fauces.
Me resulta impresionante la facilidad con la que mueren de amor y resucitan de amor a los tres días. Os puedo asegurar que es cierto. Yo también, al igual que Santo Tomás, metí el dedo en la llaga para comprobar cómo las vidas se hacen, deshacen y rehacen de acuerdo al amor más animal, a ritmo de cumbia, vallenato o mariachi... A la felicidad sólo se llega por el amor. Sea como sea. Caiga quién caiga.
La vida es aquí como la lluvia sobre la ciudad, colérica e imparable, que nos moja aunque corramos con los hombros encogidos escondiéndonos bajo los zaguanes, aunque atravesemos en taxi de una punta a otra la ciudad sin límites, entre lenguas de agua pestilente, húmedos, tiritando de frío, deseando llegar a la selva, a la madre,donde el agua no trae basura, donde el agua es simplemente una bendición silenciosa que viene de alguna parte, que se cuela por todos los resquicios donde huele a humedad y a tierra mojada. Como el amor. Como la vida.

"...la humedad es algo que se seca y se olvida"
J.Sabina-Cantautor

PD: Para que veaís con lo que tengo que lidiar todos los días...

lunes, 14 de febrero de 2011

Una mañana cualquiera...

Quedarme hubiera sido una locura.Un suicidio. No hay sitio. No hay espacio. Qizás si haya espacio y no sitio. O al revés. De todas formas da igual.
Ésta mañana el metro se comía a la gente. Sí. No es una metáfora. Se los comía. Lo ví. Los empujaba a sus entrañas subidos a escaleras eléctricas, a cintas metálicas... Agonizaban con cara de lunes, esqueletos de carne en gabardinas, de 8 a 8..., los tragaba por un lado muertos, los escupía por el otro muertos. Saturno devorando a sus hijos.Yo en medio, creyéndome Ónfalos. Arrogante y estúpido a partes iguales.
Vi claramente mi muerte en medio de aquel delirio. Sería un lunes de febrero, en un parquecito con la hierba helada, al lado de una mierda de perro. La autopsia revelaría una muerte súbita por una combinación de empacho de currículos, una septicemia generalizada causada por informes y un infarto agudo de miocardio por exceso de facturas... Un empujón me sacó de semejante estupidez, un "avesimiraspordóndevasquevaspisandohuevos" me pegó otra vez a aquella realidad surrealista. No había ni un sólo sitio libre. Al salir de aquel bicho me descubrí en un escaparate también con cara de Lunes. Las calles estaban ocupadas, sin sitio para caminar con los brazos abiertos, sin tiempo para ir despacio. No había ni un sólo sitio en la cola del pan ni en el supermercado. Carteles de "No hay localidades" colgaban en cada esquina. Pensé, incluso, que a este paso no tendría plaza en mi propio entierro... y eso me puso de mal humor.
Me precipité calle abajo, muerto de miedo, casi corriendo... nadie miraba (¿Por qué nadie mira a alguien que corre?) todos andaban cadáveres con su cara de Lunes. Entonces me paré en seco, y delante de aquel monumento a la patria que no tiene sitio para nadie, recordé que mañana salía ese avión, y que podría respirar. Y me reí a carcajadas de nuevo. Mañana salía ese avión...
Lo siento mucho. Es el único lugar en el que encontré espacio.

lunes, 7 de febrero de 2011

MIGRACIÓN 0.0

Migraciones inversas. Nunca hablé aquí de mi casa. Pero vuelvo, hay que volver. Sí. El que se va sin tener dónde volver es un exiliado. Ser exiliado no es bueno. No es bueno tener cara de huir. Tampoco es bueno que la vuelta sea a una patria ajena. No es bueno ser refugiado, huir a una patria dónde nadie habla como tú y nadie ríe tus chistes, con todas tus cosas en una mochila.
Las calles. Es lo mejor. Las calles. Cientos de personas haciendo lo que hacía yo hace unos años o lo que haré dentro de unos pocos. Era enero. Hacía frío. Estrenaba una cámara.

















miércoles, 19 de enero de 2011

Gentes. Turkanas y Samburus.

El padre Pablo sorbe el té despacio. Es alto y muy bien parecido. Habla casi todo el tiempo, de vez en cuando mira a la enorme acacia bajo la que descansamos. Es muy difícil no escucharlo con atención. Habla conmigo y con él mismo. Su conversación es muy amena y está barnizada con un carismático acento colombiano...

-Aquí ayudamos, casi todo el tiempo. No se puede evangelizar sin ayudar. La palabra de Dios no se come. Claro que les hablamos de Dios, pero de forma muy abstracta, tratamos de asimilarlo a sus dioses-en ése momento percibe una mirada de desacuerdo- lo que menos me importa aquí es evangelizar. Y curiosamente a éso vine... Recuerdo al padre Andrés, no olvidaré cómo un día, debajo de ésta misma acacia, miró un buen rato en silencio al cielo, no es raro, estamos mucho tiempo en silencio..., lo raro fue que después de media hora me miró de forma grave y me dijo: "Sabes Pablo, no se qué hago enseñando a tallar madera a una tribu ganadera..." A éso me refiero... uno olvida a lo que viene... es como la guerra, una vez que uno llega la misión es otra... Ésta gente muere de hambre, hay hambre... a veces se matan por el ganado. Aquí viven Turkana y Samburu, viven en paz hasta que en una noche de luna llena se roban el ganado unos a otros. Entonces pasa lo de siempre, hay un par de muertos, todos tienen miedo, los samburu huyen hacia las montañas y los turkana al desierto... el pueblo se queda vacío por unos días hasta que todo se calma.Ha sido así durante siglos. Ni siquiera recuerdan quién fue el primero en robar... por éso les quitamos las armas a vuestros turkana, no conviene crear tensiones.
Muchas veces no se si están preparados para la palabra de Dios -percibe una sonrisa un tanto malévola en mi cara- lo digo en serio. ¿Has visto todas las cosas que llevan colgadas en el cuello? son amuletos, amuletos que les dan los brujos. En África todo es culpa de los brujos. Si te caes y te rompes una pierna no es porque no andes con cuidado, es porque alguien, por medio de un brujo, te echó una maldición, entonces debes ir a donde tu brujo y contárselo, entonces empieza la guerra... hay clanes o familias enteras enfrentadas a base de magia negra... creen ciegamente en ella, sin razonamiento, éso es incompatible con la fe cristiana- no tanto, pensé, pero me mordí la lengua. Escuché al padre Pablo durante más de una hora. Parecía convencido de estar allí... en parte lo admiro, admiro que esté allí pero no me convencen sus motivos...
-Lo siento Marcos, tengo que irme. Hay que darle la extrema unción a un niño que tiene malaria, nos vemos más tarde, sírvete lo que quieras. La casa del señor es la casa de todos...

TURKANA








SAMBURU





lunes, 10 de enero de 2011

Sentado en la boca de un volcán...






"Los paisajes más impresionantes que jamás hayas visto" Aquello sonaba a una mezcla entre mitología personal y folleto de agencia de turismo. Pero salía de la boca de David, del viejo león, y tenía sentido. Por el camino encontramos a mucha gente que había visto a David hace años haciendo el mismo viaje, se sorprendían porque ahora lo veían más "pequeño". Antes había llegado sólo, semidesnudo, con un bastón, y, según me contaba emocionado un local,"moviéndose como un león". Ahora llegaba en coche, acompañado por una mujer y dos jóvenes y vestido de pies a cabeza. Claramente había "encogido". Ése es el valor del mito en África, en una cultura basada en la tradición oral puedes "empequeñecer" en tan solo cuatro años o matar un búfalo con tus manos en diez. La verdad es sólo una referencia. Lo que importa es le mito.
Caminábamos pronto en la mañana y al caer la tarde. En el mediodía hacíamos una parada para tomar un té con leche, ardiendo como la barandilla del infierno, y comer algo. El calor era atroz. Descubrimos que metiendo hojas de té en la botella de agua teníamos un té listo en pocas horas. Alguien había lavado las garrafas de agua con detergente y sabía a rayos. Caminamos durante tres días, si algo hubiese pasado no podríamos ir a ninguna parte a buscar ayuda. Nada. Una nada infinita, llena de arbustos y de rocas. Sabía que era el más débil del grupo... y eso me obsesionaba, me tropezaba una y otra vez y otra y otra... me enfadé tanto conmigo... Ésa misma noche un escarabajo se metió en mi oído.... sientes como si te devorase el cerebro... también descubrí un escorpión cerca de mis pies e hice que Miguel lo matara. Fui un cobarde. Tenía miedo. No había llegado a mi límite. Lo sabía.
El último día fue agotador. Compramos una cabra a un Turkana que pasaba con el rebaño. Estábamos hartos de comer arroz con patatas y patatas con arroz. Caminamos durante horas por una llanura, esta vez sin piedras, y desde lo alto de una colina vimos el lago Turkana, inmenso, durmiendo al pie del volcán Telekis. Estábamos tan contentos que nos bañamos ignorando a los cocodrilos... los Turkana nos vigilaban y se reían... éramos como niños chapoteando en la alberca a las tres de la tarde de un día de agosto.
Había llegado, sabía que podía llegar, y en parte no me lo creía. Después de comer nos animamos a subir el cono volcánico y ver el cráter, el interior de "aquello" que nos trajo obsesionados durante días. Las paredes se desprendían, y, otra vez más, yo era el más débil... nunca creí que fuese a llegar, no lo creían mis piernas ni mis manos, pero lo creyó mi cabeza... Arriba el aire soplaba de forma endemoniada, apenas unos metros de camino en el borde, a un lado las paredes empinadas del cono (¡Mierda!... ahora hay que bajar...) al otro, el fondo del cráter, ocultando un mundo perdido, una pequeña sabana aislada del resto del mundo. Mirases dónde mirases, un paisaje de otro planeta, o quizás de éste pero hace unos cuántos millones de años. No podía parar de respirar fuerte... Lo había conseguido. Para nadie significaba nada. Era mío. Sólo mío. Mí tesoro.

martes, 21 de diciembre de 2010

Vacaciones.








“-¿Y si vamos al Turkana?
-Bien, yo fui hace cuatro años.
-¿Y qué hay?
-Nada. Piedras y los paisajes más impresionantes que puedas imaginar.
-¿Se puede ir en coche?
- A la mejor parte no. Iremos andando.
-¿Llegaremos?
-Es probable.
-¿Por qué vamos a ir andando?
- Porque no va nadie…”
Conversación mantenida entre Marcos y David- Arusha 2010
No iba a ser algo típico, lo sabíamos. Esperábamos a Miguel Ángel en Nakuru. Había vivido tres días con la tribu de los pokot. Me dolía el cuerpo de dormir en el suelo. Al principio creían que venía a comprar piedras… hacía tiempo que no venía un blanco por allí y el último había comprado piedras. El viaje empezaba como todos los viajes últimamente… con muchas ganas y ningún plan. El calor en Nakuru era aplastante. No sabíamos lo que nos esperaba.
El lago Turkana está situado al norte de Kenia, en uno de los desiertos más secos de África. Ahora permanece lejos de los circuitos turísticos. Las luchas entre tribus (turkanas y samburu principalmente) y los Shiftas (bandidos somalís) asustaron a todos los blancos hace más de diez años. Al parecer ahora la cosa estaba “tranquila”. Hace algunos años también, el gobierno decidió que aquella zona era demasiado conflictiva y que la gente que la habitaba no merecía una policía o un ejército… repartió armas entre las tribus dominantes (samburu y turkana) e hizo un mutis por el foro. Resultado: estas tribus han acabado con los bandidos somalís, pero cada vez que una tribu roba ganado a otra (hecho que ocurre con frecuencia) se agarran a tiros, ya no a lanzazos, y mueren unos cuantos. Constante universal: las intenciones no cambian. Sólo lo hace la tecnología. Como curiosidad: antes de nuestro viaje los ancianos de las dos tribus se habían reunido, no para resolver las diferencias, si no para que las diferencias se resolviesen como antaño, con flechas y lanzas no con Kalashnikov. No hubo acuerdo. Una vez más rompió la noche el estampido de un fusil. La guerra entre tribus ganaderas es una constante, como los cambios de estación o los cuatreros.
Después de una larga negociación dónde se observaban desde temas humanos (cuántos hombres sin armas, cuántos armados) y logísticos (cuántas garrafas de agua, cuántos burros) hasta detalles como cuántos metros de cuerda se comprarían o cuánto podrían andar los burros… llegamos a un acuerdo. Cuatro turkanas, dos armados y dos desarmados y cinco burros cargados con agua y comida para seis días.
Pacto cerrado. Saldríamos en dos días desde un pueblo cercano. Deberían prepararlo todo y los esperaríamos allí. Cerramos el pacto con un apretón de manos. Un corro de gente nos miraba extrañada, apoyados en sus bastones unos o en destartalados fusiles otros, miraban serios y silenciosos.
Un poblado con casas destartaladas y tan solo dos lugares para dormir: una misión católica y otra protestante. Elegimos la católica, no por afinidad, si no porque el padre Pablo (colombiano) y el padre Willian (ecuatoriano) ofrecían mejor que los recios irlandeses. Era todo lo que había en nuestro punto de partida. Descubrimos al llegar que era un pueblo de mayoría samburu y allí deberían llegar nuestros turkana. En la luna llena anterior se habían robado ganado y la situación estaba un poco tensa. Nos miramos. Habíamos escogido aquello y no se podía volver atrás. El resto del tiempo sed, piedras, mas sed, piedras piedras piedras...